Pedro Rivero y Alberto Vázquez - Birdboy
Goya 2012 al mejor cortometraje de animación
El informe [el primer informe de la Comisión Trilateral, que representaba a la opinión liberal e internacionalista en los tres centros principales de la democracia industrial: Estados Unidos, Europa y Japón] estaba dedicado a la “crisis de la democracia” que se produjo a lo largo y ancho de las democracias industriales cuando amplios sectores de la población que habían permanecido pasivos y marginados optaron por tratar de entrar en el ruedo público para defender sus intereses y mejorar su situación. Los ingenuos tal vez confundan esto con un paso hacia la democracia, pero los participantes en el estudio comprendieron que se trataba de una crisis de la democracia que era preciso superar. La incapacidad de los “advenedizos ignorantes y entrometidos” para comprender su lugar de meros “espectadores”, no de “participantes”, es una “democracia excesiva”, modificación ominosa con respecto a los tiempos en que “Truman fue capaz de gobernar el país con la cooperación de un número relativamente reducido de abogados y banqueros de Wall Street”, tal como comentó el informador estadounidense de la comisión.
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La entrada está escrita por un muy distinguido científico y político liberal, Harold Lasswell, uno de los fundadores de la moderna ciencia política y de las comunicaciones. Dice (se trata de paráfrasis, pero están muy cerca de ser citas): no debemos sucumbir a los dogmatismos democráticos acerca de que el pueblo sea quien mejor sabe juzgar lo que más le conviene, porque no lo es. Nosotros somos quienes mejor sabemos juzgar qué es lo que le conviene: nosotros, los más listos. Y nosotros, por consiguiente, hemos de asegurar que esos idiotas de ahí fuera no se metan en aprietos, para lo qual es preciso utilizar su teórico derecho al voto para interferir en las esferas que no les corresponden, como es el ruedo público. Hay que mantenerlos de alguna manera fuera del ruedo público; hay que cercionarse de alguna manera de que somos nosotros, los más listos, los que ocupamos ese terreno específico. Es por su propio bien, por descontado: nadie permite que su nieto de 3 años cruce la calle solo. Tal vez quiera cruzar la calle, pero sería impropio darle la ocasión de que lo haga. Lo mismo cabe decir de las masas. Es preciso controlarlas en su lugar de trabajo, es preciso mantenerlas al margen del ruedo de la política, no van a entender la necesidad de proteger a la minoría opulenta de la mayoría. Van a tener toda suerte de extraños impulsos de igualación, harán toda clase de cosas que siembren la confusión y el desorden en el mundo, de maneras muchas veces horribles.
Noam Chomsky - Sobre Democracia y Educación. Vol 1.



